No hay en el mundo cultura o narración mitológica en la que de una forma u otra no aparezca la figura del monstruo. Esta encarnación del mal, este ser complejo, adquiere múltiples formas, contornos, significados y valores, personificando siempre los temores, ascos y aspectos más siniestros del alma humana. Acostumbrados a que los monstruos vivieran en cuevas, en planetas distantes, en parajes solitarios o en lugares maldecidos, R.L. Stevenson puso a sus lectores ...